El panorama musical

En esta ocasión hacemos pública la ponencia que Emilio ofrecíó en el debate organizado por la Biblioteca Cervantes dentro de la I semana de la música local celebrada el 14 de septiembre de 2010.

Los participantes en este debate-mesa fueron personas reconocidas dentro del ámbito musical de la ciudad y estuvo dirigido por Carlos Lozano, que participó como moderador. Los otros participantes fueron Fernando Delgado, Guillermo Díez, David Moreno y Jose María Alonso.

Intervención de Emilio Lizcano:

“La música en la actualidad” es una idea muy amplia, prácticamente inabarcable. Por eso voy a hablar en base al significado social establecido por la industria musical y por el mercado en el que se vende.
(Entiendo por industria aquella plataforma que dispone de los medios necesarios para poder vender sus obras en el mercado musical y en sus infraestructuras).

La industria y el mercado musical:

Quiero establecer un punto de partida:

La música se encuentra masificada y anquilosada en este modelo de mercado (porque no está capacitado para dar salida a la nueva creación fácilmente).

En la actualidad, la música sigue siendo una de las artes más direccionadas estética y artísticamente por la industria que la explota económicamente. La libertad creativa está constreñida desde el principio, desde la raíz, en base a un estilo musical.

La industria trabaja y se organiza según los diferentes estilos musicales existentes. Éstos, a su vez, están encabezados por los grandes artistas y sus obras. Se trabaja en base a un modelo piramidal, en el cual se devalúan totalmente las obras que escapan de la catalogación o de los parámetros estéticos del mercado.

Las influencias musicales vertebran y perpetúan el anquilosamiento estético en el mercado. En este mercado las influencias adquiridas por los nuevos artistas son bien valoradas y acogidas, tanto por el público (educado para obtener productos clasificables) como por la industria (que las utiliza para controlar la oferta musical).

Se perpetúa así la fórmula de crear hits comerciales que despunten en el mercado y destaquen sobre el resto de propuestas. En la actualidad se intenta que existan tantos hits como productos con una alta partida presupuestaría.

El marketing actual hace desconfiar al espectador y genera poco interés por las nuevas creaciones, lo que propicia que el público, sobre todo el más joven, cada vez se preocupe menos por lo musical y más por la estética que lo rodea. (Creo que siempre ha ocurrido algo similar, con la diferencia de que ahora no importa tanto crear una buena canción como utilizar la mejor fórmula para hacerla vendible con recursos ajenos a los musicales).

La masificación en el número de propuestas musicales se convierte en negativa debido a la utilización de las viejas fórmulas de explotación de la industria musical. Aunque pareciese que la intrusión de internet en el mercado iba a impulsar a una reflexión por parte de los grupos editoriales, la realidad es que han sabido adaptarla al viejo modelo de mercado. Si bien es cierto que la pluralidad y gratuidad en la red son un hecho, también lo es que los grandes productos siguen destacando por encima de cientos de miles de propuestas artísticas (que se descubren gracias a las plataformas digitales como spotify o myspace).

La masificación hace que la oferta aumente de tal manera que la infraestructura social establecida para demandar tal cantidad de creaciones artísticas sea insuficiente. Esto hace que se devalúen casi totalmente los productos que no disponen de recursos.

El problema se hace evidente cuando la mayoría de artistas no reciben, por ejemplo, ningún tipo de remuneración por su trabajo encima de los escenarios, si es que consiguen subirse a ellos. Esto es debido a que todos los factores del panorama musical confluyen en el deterioro de la libertad del músico. El músico se convierte, en este sistema, en la carta del juego que más fácilmente se puede reemplazar por cualquier otra de la baraja.

Las ideas e inquietudes del artista parecen no importarle a nadie en el panorama musical, pues la industria (ese concepto de calado social del que hablaba al principio) se ha cuidado de proteger muy bien sus tendencias de producto, sus intereses y sus líneas de acción.

Por lo tanto, la salida del artista ante esta situación no puede ser sino mantenerse perseverante e insistente. Sabes que tienes entre manos una carrera de muy largo recorrido, y que posiblemente nunca llegues a tener una estabilidad social ejerciendo esta profesión, por lo que tienes que creer en tu creación, que en muchos momentos es lo único que te queda.

La música, por el contrario, te proporciona unas satisfacciones extraordinarias. Muy pocas cosas pueden llenar tanto tu espíritu como escuchar tus nuevas canciones por primera vez o subirte a un escenario y hacer realidad esa finalidad buscada (que no es otra que la de establecer una comunicación con el público que disfruta la música). Es más gratificante aún cuando conectas con personas que escuchan por primera vez tus canciones.

Por lo tanto, en este panorama, que también es un recorrido del artista,  es común buscar ayudas que faciliten editar tus obras, financiar conciertos, etc… Estas ayudas llegan a veces de la mano de las instituciones públicas, que ven marcada en la legislación la labor de apoyar y dar soporte a las manifestaciones culturales. En otras ocasiones son fundaciones sociales o privadas las encargadas de realizar programas de ayuda. Estas ayudas son de gran importancia, pero lo realmente trascendente es que estén cohesionadas y meditadas, que realmente contribuyan a dar salida y a generar demanda musical acorde a la sociedad actual, a crear una cultura democratizada en la sociedad. De alguna manera son las instituciones y los agentes sociales los que pueden dar ese impulso social que acerque la música al ciudadano y haga el camino más fácil a los artistas.

En Burgos, por ejemplo, tenemos la suerte de contar con un proyecto de estas características. Hace ya casi un año el proyecto del Centro de Creación Musical se hizo realidad, en él se observan como confluyen estos factores. Las instituciones públicas (Junta, Ayuntamiento, Injuve)  unieron recursos económicos para hacer realidad el edificio, la obra social de Caja de Burgos junto a las aportaciones del Ayuntamiento de Burgos se han implicado económicamente con el sello discográfico del centro (Mús Records), el equipamiento y la programación.

Es importante observar cómo la unión de recursos económicos con un buen plan de acción, pueden ayudar fuertemente a facilitar las cosas a las personas que amamos la música, en este caso.

Esta tendencia que podemos disfrutar en Burgos no es exclusiva, pues ya hay muchas ciudades con proyectos similares abarcando los ámbitos culturales desde el punto de vista de la cohesión y estudio de la programación cultural como un todo.

El camino que sigue al modelo de mercado e industria que he descrito al comenzar mi intervención nos deparará nuevos problemas y nuevas satisfacciones. De momento tenemos que trabajar ilusionadamente para que estos proyectos terminen de funcionar y establecer un modelo mucho más justo para los artistas.

Resumiendo, la Cultura necesita democratizarse socialmente, necesita generar nuevas infraestucturas que acerquen la oferta real existente al público que la demanda. Los pasos que se están dando en esta dirección tienen que contribuir a estabilizar la figura del artista en la sociedad, acercándolo más a la realidad cotidiana, reconocer la importancia que el Arte tiene en la vida de todas las personas. En definitiva, creer y respetar el orden cultural natural que establece la pluralidad y las raíces de la creación.

Emilio Lizcano

(Ponencia realizada el 14 de Septiembre de 2010)

 

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